jorge david alonso curiel El golpe fue a los catorce años. El fogonazo. El deslumbramiento irreversible. El nacimiento de la bicha.

Una tarde de primavera, en plena clase de lengua y literatura, llegó a mis ojos el poema “Lo Fatal” del poeta nicaragüense Rubén Darío. El profesor lo recitó con voz segura, firme, sin faltarle un punto de emoción, mientras yo lo seguía en la hoja del libro de texto.

 

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,

y más la piedra dura, porque ésa ya no siente,

pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,

ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

 

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,

y el temor de haber sido, y un futuro terror…

Y el espanto seguro de estar mañana muerto,

y sufrir por la vida, y por la sombra, y por

 

lo que no conocemos y apenas sospechamos,

y la carne que tienta con sus frescos racimos,

y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

 

¡y no saber adónde vamos,

ni de dónde venimos…!

 

Al final de la lectura de ese poema tan intenso y conmovedor, mi vida cambió totalmente. Me había convertido en otro.

Aquellos versos, aquella desesperación, aquella verdad que el poema trasmitía, me habían llegado tan dentro que recuerdo que no podía articular palabra, y que mis ojos releían una y otra vez sin parar aquellos versos maravillosos: había descubierto algo que ya estaba marcando mi vida con un hierro candente.

Rubén Darío había provocado en mí un estallido, un terremoto, una grieta abismal que desde entonces sigue abierta, y me temo que nunca podrá cicatrizar.

Este poema, el más bello y terrible y existencialista de toda la literatura española, me convirtió primero en un lector voraz, patológico, y después en un aprendiz de escritor –que no he dejado de ser nunca- con ánimo totalmente decidido dos años después, con dieciséis años.

A partir de aquello no pude dejar de interesarme por todo libro que caía en mis manos, y de emocionarme hasta casi el éxtasis con obras tan sencillas, sutiles y verdaderas como aquel poema del gran Rubén.

De ahí que todas mis influencias literarias sean de este estilo: Baroja, los Machado, Pessoa, Kafka, Albert Camus, Charles Bukowski, Carver… Sin olvidar el humor y el absurdo de escritores tan geniales como Miguel Mihura, Ionesco o Jardiel Poncela.

Prefiero la literatura muy cercana a la vida y a la emoción, y que sea expresada de un modo sencillo, cercano pero también profundo, lírico y reflexivo, en el que también quepa, como ya he dicho, el humor, esa sonrisa de la desgracia, que tanto nos ayuda a sobrevivir.

La literatura es una parte esencial de mi vida. Me ha hecho, junto con el cine, ser como soy. Como decía Pessoa, ser escritor es una forma de estar en el mundo. Y yo quiero estar en el mundo, para seguir contándotelo a ti, querido lector, querido amigo.

Jorge David Alonso Curiel

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Acerca de Colectivo literario Los Perros del Coloquio.

Colectivo de 11 escritoras y escritores noveles de Valladolid que buscan lograr la visibilidad de los nuevos valores de la creación literaria de esta ciudad y alrededores. El libro "Caricias y Batallas" es una antología de poesía y relatos cortos cuyo hilo conductor es el amor.

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