Foto: amor / freakysita

Desde chicas nos enseñaron que el amor era el mayor regalo que podía recibir una mujer. Viendo las pelis de Disney aprendimos a anhelarlo con cada nervio de nuestro cuerpo. Sentadas en la hamaca, solas, cantando “A Whole New World” e imaginando a Aladino aparecerse justo frente a nosotras, extendiendo su brazo y preguntando: ¿Do you trust me? [¿Confiás en mí?] Y a nosotras nunca nos importaba si realmente confiábamos en un pibe que le habla a su mono y roba para vivir, nos importaba que un chico (¡un dibujo animado!) nos pidiera que confiáramos en él.

Nos paseábamos por el jardín repartiendo besos y escuchábamos sonrojadas cuando la madre le preguntaba a Matías: ¿esa es tu novia? Y él rompía en llanto porque le daba vergüenza.

El amor de a poco nos convirtió en personas que ocupan más de la mitad de su espacio mental en pensar y hablar “de chicos”, mientras ellos jugaban al fútbol y leían comics.

Eso es lo que pienso del amor. Es una cruz que nos apoyaron en la espalda, mucho antes de que pudiéramos caminar, diciéndonos que éramos hermosas e íbamos a romper muchísimos corazones, dejándonos el pelo largo y poniéndonos vestidos con los que nos tropezábamos al correr.

Les parecerá contradictorio, entonces, que dedique el resto de este artículo a hablar justamente del amor: es que de nada sirve negarlo. Podemos creer o no en él, negarle una verdad o una relación con un referente, pero eso no cambia el lugar importantísimo que ocupa esa palabrita en nuestra sociedad.

Es por eso que, en vez de descartar la pregunta acerca del amor y dejar que la Cosmo siga tomándola como su área de especialidad, voy a intentar esclarecerla desde un lugar algo menos nocivo.

En una entrevista al psicoanalista lacaniano Jaques-Alain Miller en la Psychologies Magazine número 278, el entrevistado intenta explicar de qué modo nos ayuda el psicoanálisis a entender el amor. La mecánica del amor, explica, consiste en interpelar a quien unx piensa que conoce nuestra verdadera verdad y permite imaginar que esa verdad pueda ser amable, agradable, aún cuando para nosotrxs sea tan difícil de soportar. El ser amado responde a la pregunta “¿quién soy yo?” con la respuesta “alguien dignx de ser amado”.

Este mecanismo calma una angustia que es parte constitutiva del ser humano en su búsqueda de una identidad y una razón de ser. Entonces, ¿por qué a veces parece que somos las mujeres quienes buscamos este espejo que complete la imagen de nosotras mismas, mientras los hombres pueden “estar bien solos”?

El psicoanalista no le echa la culpa sólo a Disney. Citando a Lacan dice: “amar es dar lo que no tenemos”. No es dar objetos o posesiones, sino reconocer nuestra falta y situarla en el/la otrx. Esta actitud de aceptación de la falta, palabra que no por nada comparte raíz con el famoso falo, es, dice Miller, esencialmente femenina.

Pero, ¡ojo! Cuando decimos “esencialmente femenina” no estamos hablando de una esencia natural de las chicas que vendría de la prehistoria. La misma que según muchxs nos hace “esencialmente malas al volante” o “esencialmente histéricas”.  Freud distingue entre mujer y hombre 1) Biológico, 2) Social y 3) Psicológico.

Esto quiere decir, para mí, que el hecho de que yo no tenga pito no necesariamente debería afectar mi rol en la sociedad o mi psique. Estos dos podrían ser masculinos, aunque biológicamente yo haya nacido mujer. Es parte de nuestra época entender que el género es algo mucho más complejo de lo que pensábamos.

Dice el psicoanalista que amar feminiza, que amamos siempre desde una posición femenina, y cito: “Es por esto que el amor siempre resulta un poco cómico en los hombres. Pero si él se deja intimidar por el ridículo, quiere decir en realidad, que no está seguro de su virilidad”. El miedo a perder esa “virilidad” es lo que lleva a muchos hombres a tener relaciones con mujeres que no aman para mantener ese lugar de control.

Claro, esto también puede hacerlo una mujer, justamente porque no hay razón por la cual una mujer no pueda sentirse en una posición masculina.

La mujer o nuestro costado femenino, según Jacques-Alain Miller, estaría más preparado psicológicamente para amar. Eso no quiere decir que tengamos que imponerle, desde chica, amar y ser amada como el único cometido en su vida. ¿Por qué necesitamos dejarle el pelo largo hasta la cintura a chicas de 4 años? Pelo que deben peinar, cuidar y decorar mientras sus hermanos salen corriendo del baño listos para subirse al skate. ¿Por qué vestidos rosas y medias blancas mientras sus hermanos visten jeans y zapatillas hechas para ensuciar? ¿No sería mejor si a esta facilidad para amar, que es ante todo muy valiosa, le sumáramos una fuerza y una independencia que no nos dejara tan vulnerables a la hora de “dar lo que no tenemos”?

A su vez, si fuera para el hombre menos doloroso entrar en contacto con su lado femenino, si de chico no le hubiera dado tanto miedo ser identificado con esos pompones rosas que juegan con las muñecas, ellos también podrían disfrutar del acto de amar sin necesidad de verlo como una sumisión o una pérdida de su virilidad.

En esta sociedad se sigue reproduciendo este statu quo de generación en generación. Es así como tantxs niñxs sufren dudas acerca de su sexualidad sólo porque no encajan con estos modelos. En la canción Same Love de la nueva estrella de Hip Hop, Macklemore dice: “Cuando estaba en tercer grado pensé que era gay porque dibujaba bien, mi tío lo era y yo mantenía mi cuarto ordenado, se lo dije a mi mamá con lágrimas corriendo por mi cara, y ella me dijo –Ben, te gustan las chicas desde preescolar. Sí, supongo que tenía razón, ¿no?”

En la medida en que aprendamos a aceptar los géneros y la sexualidad como algo líquido e inestable, vamos a poder amar con mayor sinceridad y menos miedos. Vamos a poder empezar a fundar relaciones en el respeto y la igualdad, y así empezar una nueva reproducción que haga que el amor en generaciones venideras cobre un nuevo significado, alejado de las princesas y los príncipes de Disney para que los chicos no piensen que son gay por parecerse a sus amigas y que los que sí lo son no tengan que decirlo con la cara mojada en lágrimas.

Si el amor ocupa un lugar tan importante en nuestra sociedad, hablemos de él y entendámoslo con nuevas herramientas para que no se convierta en una cárcel o una cruz, sino en un arma de libertad.

Damasia P.M.

Fuente: letercermonde

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Acerca de Colectivo literario Los Perros del Coloquio.

Colectivo de 11 escritoras y escritores noveles de Valladolid que buscan lograr la visibilidad de los nuevos valores de la creación literaria de esta ciudad y alrededores. El libro "Caricias y Batallas" es una antología de poesía y relatos cortos cuyo hilo conductor es el amor.

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